El Empíreo: ¿Nacemos ciegos o nos volvemos ciegos?

¿Nacemos ciegos o nos volvemos ciegos?

Por Patricia Fernández Schrunder

El humano es un ser vivo que nace con cinco sentidos básicos: la vista, el olfato, el oído, el gusto y el tacto. Estas capacidades naturales del hombre permiten que el mismo esté en contacto con su entorno. Entonces, ¿por qué insistimos en atrofiar nuestros sentidos? Parece, pues, que el ser humano (tal vez de manera inconsciente) busca dañar poco a poco estos sentidos cuya utilidad es fantástica.


Hay una tendencia de dar lo que se tiene por sentado, sin apreciar el valor de todo aquello que nos rodea. Por ende, al asumir que todo siempre estará en el mismo lugar de siempre, sin darle el valor que cada cosa se merece, dejamos de usar los sentidos, de esta manera adormeciéndolos y así volviéndonos seres que si bien estamos en constante movimiento, no somos activos.

Obviando la presunción que solo es ciego aquel que no posee la capacidad física de ver, se puede decir que el hombre, en definitiva, no nace ciego. Esta declaración se puede hacer ya que, cuando uno es pequeño, tiene la curiosidad suficiente para tratar de descubrir todo, sumándole también la capacidad de asombro. ¿Cuántas veces nos sentimos asombrados por aquellas cosas que se encuentra en nuestra ciudad? ¿Acaso hemos perdido ese interés que de pequeños nos embargaba desde la punta de nuestros dedos de los pies hasta la coronilla de la cabeza? ¿Solo es digno de nuestra vista lo que se puede encontrar fuera de nuestro país?

La pregunta aquí es, ¿por qué perdimos la capacidad de ver? Las respuestas a esta pregunta pueden ser muchas, pero todas estas contestaciones se pueden resumir en una sola frase: desprecio generado por la costumbre.

Abandonamos nuestros sentidos, la vista, la atención, el interés, creyendo así que se le hace un bien a nuestro entorno, pavoneándonos por la calle pretendiendo ser conocedores de todo sin conocer nada. Hemos creado dentro de nosotros mismos un estado sedentario donde día tras día, hora tras hora atrofiamos todos los sentidos que nos hacen seres en verdadero movimiento.

Ahora bien, para recuperar las funciones de nuestros sentidos, primero debemos darnos cuenta del error. Al volvernos conscientes de nuestras faltas damos el primer paso a la recuperación de nuestras capacidades abandonadas. Solo asumiendo nuestro compromiso como ciudadanos pertenecientes a un país volveremos a ser seres activos, con los sentidos en funcionamiento, dejando de lado el estado sedentario al que nos sometimos.

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