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miércoles, 17 de junio de 2015

Por qué somos una sociedad fracasada: Del Contrato Social

Por Jackeline Da Rocha


Un contrato estipula un compromiso de dos o más partes involucradas que entregan para recibir tal vez algo mayor de lo que comprometen, encuentran en ello un beneficio común. Los firmantes toman así su parte de un promítere en el cual invierten confianza, tiempo y libertad. Faltar a un contrato es insultar a todas sus partes y romper un lazo delicadamente entretejido por los verdaderos sacrificados.

Giovanni Sartori nombra tres elementos que atentan contra el Estado democrático de derecho en Venezuela: El crecimiento de la pobreza y la desigualdad, el formalismo jurídico con valores contrarios, y la ausencia de mecanismos institucionales efectivos. Tres faltas enormes. Tres tachones en el contrato y la pauta del Estado. Pero, ¿qué relación tienen con el Estado de derecho?

Para no entrar en detallado análisis de las consecuencias de estos tres procedo al último. Personalmente pienso que la fractura más profunda en un sistema de derecho es la ausencia de mecanismos institucionales efectivos.

“Las instituciones son creadas y sostenidas por personas… entendidas como reglas de juego, conforman un marco de restricciones a los individuos que modelan los patrones sociales”.

En un estado de derecho los dirigentes respetan la sujeción de su actuación a la ley, acatan el mismo marco general que los dirigidos porque viven en un acuerdo social que lo soporta, que ha sido acuerdo mútuo. La soberanía del Estado debe ser producto de la voluntad general, y de la acción general también. El individuo enajena su libertad natural para convertirse en ciudadano, recibir los derechos inalienables de igualdad jurídica y moral, y asegurar la libertad de todos los miembros de la sociedad. Por igual.

Los estados autocráticos, entonces, no tienen estado de derecho nominal: no puede ser democrático un estado en que la ley no se aplica de igual forma para todas las partes, no puede ser estado de derecho aquél en que no se garantizan los derechos fundamentales o la dignidad humana.

Las instituciones son el límite de acción, la herramienta para hacer cumplir las leyes y con ellas los derechos. Ellas conllevan el formalismo que significa nuestro sacrificio al entrar en una vida social, ellas deben regular a los participantes dentro del marco acordado para un funcionamiento de engranaje, una efectividad posible siempre que el compromiso sea real y se deba obediencia a quien la merece. Por ello, la ausencia de instituciones o la falta de respeto hacia ellas es de gravedad profundísima para cualquier estado.


La separación de poderes, como institución, es la máxima forma de autorregulación. Si se dejan de lado las instituciones se va cayendo en las antinomias del estado y la fragmentación política, que corrompen el estipulado acuerdo social. El contrato social es la base de la vida fructífera en común, es el fundamento del mundo moderno.

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